EL CREPUSCULO DE LOS DIOSES

SUNSET BOULEVARD

 

 

 

 

 

La avenida que da nombre a la película está estrechamente relacionada con el mundo del cine desde 1911, fecha en que el primer estudio cinematográfico de la ciudad abrió sus puertas en Sunset Boulevard. Los primeros trabajadores cinematográficos vivían modestamente, pero durante la década de 1920 los beneficios y los salarios llegaron a niveles sin precedentes. Con el advenimiento del star system, se construyeron en la zona mansiones enormes y a menudo pretenciosas. Las estrellas se convirtieron en objeto de la fascinación del público internacional, y los excesos de sus vidas se airearon en revistas y periódicos. En su juventud, Billy Wilder sintió un profundo interés por la cultura estadounidense, especialmente por la cinematográfica. A finales de la década de 1940 todavía subsistían en Hollywood muchas de las grandes mansiones de la época dorada del cine mudo, y para Wilder, ahora residente en Los Ángeles, formaban parte de su existencia cotidiana. Muchas de estas mansiones estaban todavía habitadas por antiguas estrellas del cine mudo que habían perdido contacto con la industria del cine. Wilder se preguntaba cómo serían sus vidas ahora que "el desfile había pasado ante ellos", y empezó a imaginar la historia de una estrella que había sido olvidada por el públicos según Brackett, ni él ni Wilder tuvieron nunca en cuenta para el papel de Norma Desmond a otra actriz aparte de Gloria Swanson. Wilder, sin embargo, lo recordaba de otro modo. Afirmó que en un principio había pensado en Mae West y Marlon Brando como protagonistas, aunque nunca llegó a proponérselo a ninguno de los dos. Se puso en contacto telefónico con Pola Negri, pero, según sus palabras, al hablar con la actriz descubrió que "tenía demasiado acento polaco". Más tarde, siempre según la versión de Wilder, Brackett y él visitaron a Mary Pickford, pero antes incluso de empezar a hablar sobre el guión, el director se dio cuenta de que la actriz se tomaría como una ofensa que le propusieran un papel en el que tendría un romance con un hombre al que doblaba la edad, así que optaron por marcharse. En otro momento, el propio Wilder dijo que en el momento en que Brackett y él le hicieron la propuesta, la actriz estaba "demasiado borracha y no le interesó el proyecto".

El papel de Joe Gillis, el protagonista masculino, fue interpretado por William Holden. Sin embargo, Holden no fue la elección original de los productores para dicho papel. El joven Montgomery Clift fue contratado para hacer el papel por 5.000 dólares semanales, durante un mínimo de doce semanas, pero inmediatamente antes del comienzo del rodaje se retiró del proyecto. Adujo como excusa que el papel de un joven que enamora a una mujer mayor era demasiado parecido al que había representado en La heredera, de William Wyler, y le había parecido poco convincente.... Furioso, Wilder le contestó: "Si fuera un actor de verdad, podría resultar convincente haciéndole el amor a cualquier mujer". Se ha sugerido que el hecho de que en la vida real Clift estuviese manteniendo un romance con una mujer mucho mayor, la cantante Libby Holman pudo haber sido el verdadero motivo para renunciar a la película, pero a mi personalmente creo que Monty hubiera estado genial... Es una película desoladora, cruel, en la que el humor siempre presente en la obra de este autor queda descartado o, cuando aparece, lo hace acompañado de la amargura. Ficción y realidad, son numerosos los cameos, algunos crueles como el de Keaton, N. Olson, otros irónicos como el de Cecil. B. DeMille o el de H. Hooper, se dan aquí la mano para mostrarnos la historia de una antigua estrella del cine mudo recluida en su anacrónica mansión y olvidada por ese público fiel que algún día la idolatró. A esa mansión llega un guionista perseguido por sus acreedores que comenzará a establecer una relación vampirizante, será primero el guionista de “Salomé”, el “comeback” con el que quiere retornar la diva; pero acabará convertido en gigoló en un ciudad donde los sueños se mueven por dinero. Este argumento servirá para que Wilder y Brackett (será su última colaboración juntos y la mejor junto con “Ninotchka”. Es todo un hallazgo que la película sea narrada por un muerto, Pasen revista con todo lujo de detalles y sin ahorrar en crueldades la naturaleza de esta industria de los sueños, que hace vivir a sus protagonistas en pos de una demanda siempre perpetua de carnea fresca y auténticas pesadillas.

 

 

 

 

Como no podía ser de otra forma en las películas del maestro, los diálogos son sublimes, de esos que te quedan grabados en la memoria:

 

“Yo soy grande, es el cine el que se hizo pequeño”

“No hay nada trágico en tener 50 años; a no ser que intente tener 25”

 

Pero aquí también cuida en extremo la imagen, siempre más secundaria para autor como él. La secuencia de la piscina, la del rodaje de “Sansón y Dalila” con ese foco que la ilumina, o la secuencia final de la bajada de escaleras es una prueba de que nunca como en esta película Wilder cuido tanto la imagen, quizá por acercarse a las espléndidas estrellas del cine mudo que tan certeramente retrata. El trío protagonista está en estado de gracia. Comenzando por la extraordinaria G.Swanson que dota a su gestualidad exagerada ese deje de locura en la que terminará su caída...maravillosa la secuencia en la que imita a Chaplin, o el primer plano final, con esa mirada que congela la sangre. Enrich V. Stroheim, aquí como criado y antiguo director..las imágenes que pasan para mostrar el esplendor de aquellos son de “La Reina Kelly”, película inconclusa producida por el amante de Swanson, J.P. Kennedy, y que supuso la expulsión definitiva de la industria de este GENIO, en una actuación contenida, sobria, pero profundamente humana. Para terminar el triángulo W. Holden, que borda la figura cínica que no se redimirá la historia de ilusión y amor que sostiene con Betty Shaefer. Cuando Wilder contaba el revuelo que se armo tras el primer pase para el estudio, uno se da cuenta de que esta película no es una mera cinta ubicada en el mundo del cine. Esta película le quitó al cine esa especie de aureola mítica, del mundo glamouroso y perfecto que siempre salía en pantalla. Y les dolió a los representantes de Hollywood porque ciertamente representa su mundo, el de las estrellas acabadas, la tiranía de los cánones de belleza y de los grandes estudios. Me cuesta mucho hacerme a la idea de que alguien como De Mille aceptase participar en un proyecto cuya cruel y falsa imagen podría repercutir en su carrera, ya que el representa el espíritu de Hollywood.

Wilder, aparte de un excelente director, era un cinéfilo como pocos. Eso se ve a lo largo de toda su obra, pero particularmente en esta película, que es en sí un compendio de homenajes, aunque también reprimendas, al mundo donde el vivía, a Hollywood, que tan pronto crea una estrella, como la convierte en monstruo. Así como ocurrió con la llegada del sonido Hollywood marginó a otras estrellas y cineastas por diversos motivos y escándalos, como James Whale, Chaplin o Dalton Trumbo. Y en esta película, Swanson, más que el propio deseo de regresar a la pantalla, de hacer películas por amor al arte, lo quiere por la necesidad de la fama, de sentirse el ombligo del mundo, y que realmente no sabe si es ella misma o uno de sus personajes, actuando como si realmente estuviera dentro de una película, con gestos teatrales. A través de la figura de Norma y de su propia casa, que según Joe, recuerda a la mansión de Miss Havesham de Cadenas rotas, Wilder realizó un magnífico retrato de la soledad de la estrella, de quién un día lo tuvo todo y que ahora forma parte de un imperio herrumbroso y derrotado. Y también de la demencia. Quiero destacar un personaje importantísimo en la trama, el de Max el mayordomo. Es al mismo tiempo su mayor valedor y su mayor enemigo, pues es quien realmente la tiene engañada con un mas que improbable regreso a las pantallas. El, sin quererlo quizás, la hunde más en la miseria, y el hecho de que en la vida real Stronheim fuera el director que más dirigió a Swanson añade más morbo al film. Es la película numero ocho de Billy Wilder, escrito por éste, C. Brackett y D.M. Marschman. Se rueda en exteriores de LA (Midtown, Hollywood y LA) y en Paramount Studios, con un presupuesto de 1,7 M dólares. Fué nominada a 11 Oscar, ganando tres: guión, música, dirección en blanco y negro y producida por C. Brackett, estrenándose el 4-VIII-1950 en Estados Unidos.

 

 

 

 

 

El film es una obra mítica que cuenta con interpretaciones magistrales, diálogos memorables, personajes bien desarrollados y un guión magnífico. Suma acidez y sarcasmo, cinismo e ironía, amargura y humor. Hace uso de una estructura narrativa compleja, basada en un largo "flash back", a cargo de un narrador que es un personaje muerto, que comienza hablando en tercera persona para cambiar luego a primera. La narración visual incluye dos planos iniciales heterodoxos: "travelling" inverso de la vía Sunset Boulevard y contrapicado de un cadáver en una piscina visto desde abajo. La mayor parte de la acción tiene lugar en la mansión de Norma, que adquiere importancia de protagonista. Es una antigua construcción, descuidada, lóbrega, decadente y siniestra, decorada de modo extravagante. La preocupación de Wilder por crear su historia, le lleva a salpicar el metraje con referencias reales: visita a Cecil B. DeMille, en un plató real, durante el rodaje de la película "Sansón y Dalila", Construye una radiografía crítica, irónica, mordaz y emotiva del mundo del cine, de la mano de la cual ofrece un retrato conmovedor de la soledad, la demencia, el temor al fracaso, los instintos de supervivencia y la grandeza del amor. Añade una descripción apasionada de la juventud y de la ilusión y alegría que la caracterizan. No faltan referencias gratas al realizador: coche de época, cerilla, encendedor, juego de apariencias...Norma vive en el pasado... Abundan las citas cinéfilas: actores como Alan Ladd, Tyrone Power, actrices de la talla de Garbo, Stanwyck, y películas como "Lo que el viento se llevó", Griffith..., cómicos mudos: Charlot, Keaton, ubicaciones ligadas al cine ("Sunset Boulevard"). Son escenas memorables la de la piscina, rodaje en Paramount Estudios, partida de cartas, entierro del mono y la secuencia de la escalera del final. La fábrica de sueños, la meca del cine, Sunset Boulevard... Hollywood ha sido desde sus inicios el epicentro de un microcosmos virtual con un tremendo poder de atracción. Hornadas de estudiantes de interpretación, cantantes, bailarines, agentes, intermediarios, especuladores y buscavidas acudieron a sus estudios de cartón piedra con la esperanza de poder materializar una ilusión. Con la esperanza de convertirse en estrellas. Con la esperanza de poder ganar dinero.

Algunos lo consiguieron. Otros, no. Wilder escenifica a través de Norma Desmond y Joe Gillis la cara y la cruz de esa fábrica de sueños. El anverso y el reverso de la mitología cinematográfica. Todo ello a través de su caleidoscópica mirada y de ese estilo tan cáustico y mordaz que le caracteriza. Narrando con pulso firme y magistral. Explicitando cuándo, cómo, dónde y por qué debe usarse una voz en off. Mostrándonos las entrañas de Hollywood sin lisonjas ni bálsamos absurdos. Barajando conceptos tan diametralmente opuestos como ‘homenaje’ y ‘escarnio’ con una destreza impecable. Constatándonos fehacientemente, en definitiva, por qué esa jungla de celuloide californiana es, al mismo tiempo, el lugar más mágico y devastador del planeta cine. Probablemente no poseo ni poseeré jamás la suficiente elocuencia para justificar por qué el “El crepúsculo de los dioses” está entre los diez mejores films de la historia del cine. La endogamia dentro del cine siempre ha dado buenos dividendos y proporcionado buenas taquillas. A la gente siempre le gusta ver la trastienda de los actores y famosos, aunque debo confesar que a mi también me interesa. Es normal que un productor-guionista como Charles Brackett, no resistiera en hacer una película así y Wilder habitual suyo la dirigiera. “El crepúsculo de los dioses” es una obra maestra, convertida en mito por casi todos los críticos mundiales. No hay color entre el Wilder de las comedias con el de los dramas, es en los primeros donde rinde como un grande y al máximo, mientras en los segundos se queda siempre desnivelado..

 

 

 

 

 

La egolatría de Gloria Swanson sólo es equiparable a su facilidad para buscar desde jovencita hombres de buena posición que la ayudasen a prosperar. Para empezar no debemos olvidar que Gloria Swanson, tampoco fue la estrella como ella dice, exceptuando algún título como “La reina Kelly” en el que destrozó la carrera de Stroheim, se preocupaba más del vestuario y de los primeros planos que de los guiones en sí. En las películas de DeMille que ella participó más bien destacó por ser un mito erótico que por su calidad interpretativa, incluso las grandes películas históricas de dicho director en los años veinte como “Los diez mandamientos” o “El rey de reyes” ella no aparece. Además toda la película se basa en un planteamiento y es que las viejas estrellas del cine mudo ya no valía un día al levantarse de la cama por la mañana al llegar el sonoro y los nuevos tiempos. En el caso de Gloria Swanson no se produjo tal trauma, al contrario, supo pasar del cine mudo al sonoro con facilidad, e incluso con avidez ya que en su primera película sonora actuó de cantante “La intrusa” y luego tuvo buenos papeles como “¡Qué viudita!” de Allan Dwan. Realmente quien dejó el cine fue ella porque empezaba a prestar más atención a la radio y a la televisión siendo una de las primeras que hizo fortuna en ambos medios. Otras muchas actrices del cine mudo continuaron haciendo cine en mayor o menos medida como Lillian Gish, Janet Gaynor, Mae Marsh o la mismísima Greta Garbo, pero como he señalado en su caso particular fue una decisión propia y no inmediata. El tiempo pasa para todos y para todo. El es quién ve nacer a las nuevas generaciones una y otra vez, el que las ve morir... él es el que con su discurrir consolida o destruye las nuevas ideas y formas que dichas generaciones traen al mundo. El juez silencioso. En aquel momento en que el sonido llegó al cine, las películas cambiaron; y cuando el cine cambió también lo hizo la forma de disfrutarlo... y de venderlo... Fue entonces cuando ya no había tiempo para las viejas estrellas; cuando ya no bastaba con solo ver, cuando también se quería oír... Cuando comenzaba el crepúsculo para los que se negaban a aceptar la situación, y cuando empezó el amanecer de otros nuevos talentos que nacieron junto con esas nuevas formas.

 

El tiempo nos ve marchar, nos ve llegar, nos ve caer en el olvido.... Pero hay personas que parecen no resignarse nunca ante él, desesperándose luchando contra los designios de lo infinito, poniendo su vida y su salud en ello... pregúntenle si no a Norma Desmond sobre todo esto. O mejor aún, no pregunten nada; observen, escuchen... y sobre todo, disfruten observando su ocaso particular, pues en El Crepúsculo de los Dioses, se cuenta su historia de una forma que toca la maestría. Porque Sunset Boulevard, que es como se llama originalmente esta referencia, es una película tremenda; una entretenidísima cinta que nos muestra y nos ofrece una oportunidad de conocer la trastienda del mundo del cine en una época en la que el constante cambio era el protagonista. Con una galería de personajes sin igual  y con unos toques cómicos, e incluso de terror, que dan al intenso tono dramático, matices verdaderamente sublimes, Billy Wilder firmaba y nos dejaba una obra maestra que difícilmente puede olvidarse con el tiempo. Billy Wilder ha contribuido al patrimonio artístico cinematográfico universal como pocos directores en el mundo. Díganme ustedes, a ver cuántos han dirigido tantas joyas de la comedia: “Primera Plana”, “En bandeja de Plata”, “Irma la dulce”, “Un, dos tres,””El apartamento”, “Con faldas y a lo loco”, “La tentación vive arriba”... Pero hay otro Wilder. Otro con sonrisa torcida, cinismo inapelable, diseccionador del lado oscuro del ser humano. Es el Wilder cargado de mala leche de: “Perdición”, “Testigo de cargo” y la que aquí nos ocupa. “El crepúsculo de los dioses” es el mejor film de cine sobre el cine que jamás se haya rodado. Un guión pluscuamperfecto que hilvana una trama de gusto exquisito, elegante, cínico, oscuro y empapado en toneladas de ironía. Joe Gillis (William Holden) desde el más allá, nos cuenta cómo acabó muerto en una piscina de Sunset Bulevard, remontándose un tiempo atrás. El es un pobre guionista sin blanca, sin proyectos y a punto de serle embargado el coche, amén de deber tres meses de alquiler. Por causas fortuitas entra en la mansión de Norma Desmond, ex diva del extinto cine mudo, que vive cegada por el brillo de su propio recuerdo como estrella gloriosa, atendida por el misterioso mayordomo Max, ella fue la preferida de Cecil B. DeMille y consolidó el poder de la Paramount. Se encuentra voluntariamente recluida en su propia torre de marfil, alejada de la realidad del mundo, perpetrando un absurdo guión sobre Salomé, a lo que pide al atribulado guionista perfilar su obra.

 

 

 

 

Este es el punto de partida de una de las mejores películas de la historia, cuya dinámica gira en torno a la relación de interdependencia entre guionista y diva, bajo la atenta mirada del servicial  Max. El resultado es simplemente ejemplar. No sabría destacar algo del conjunto, pues todo en ella es tan eminentemente espléndido que roza la perfección tanto de forma como de contenido. Plagada de crueldad soterrada, diálogos mordaces y secuencias soberbias, el retrato que ofrece sobre el mundillo del cine es posiblemente el más negro, excelente y desencantador que yo haya visto. La artificiosa exaltación de nuestro propio ego a la que lleva la fama, puede transformarnos en tiranos caprichosos, esclavos del deforme recuerdo de algo que jamás volverá y que nos consume. La necesidad puede llevarnos a abrazar aquello que considerábamos imposible de aceptar, y probar los lujos de una vida desahogada es fácil, pero renunciar a ellos, no tanto. A todo esto, cabe aclarar que por el hecho de saber de antemano el destino de Joe Gillis, no piensen que la trama pierde interés o que esté exenta de sorpresas, ni mucho menos, Wilder hace girar hacia rumbos inesperados con una maestría incuestionable. Imprescindible clase magistral de buen cine. Jamás se ha hecho una crítica a Hollywood como esta, ni tampoco he visto un homenaje al cine mudo y sus personajes tan trágico como en el que se nos muestra en la película. Para recuerdo, y muchos pasan por alto, la escena de la partida de cartas. No parece especialmente importante, pero reconocí a un envejecido Buster Keaton de mirada perdida echando cartas sin mucho entusiasmo, mientras Erich von Stroheim sirve unas copas en su papel de mayordomo de una ex diva, que es además el antiguo director de la estrella, como ocurrió en la realidad en “la reina Kelly” 1929). Y bueno, también tenemos a Gloria Swanson. En sus tiempos, la actriz era lo que para la sociedad de ahora es Leonardo di Caprio. Todos la adoraban y la querían, con unos ojos se clavaban en los corazones de todos y se hicieron famosos y cotizados. Todas las criticas empezaban con un “¡Pero qué mirada! Swanson en estado de gracia, cálida y acogedora en su papel ”. Con la llegada del sonoro, ocurrió lo que ya sabemos, muchas de las grandes estrellas se fueron al olvido colectivo a una rapidez muchas veces solo comparables al ascenso que habían experimentado en su glorioso pasado. Fue el caso de “la Swanson”. En la película esta espléndida, comiéndose la pantalla a bocados. Vale, William Holden en el filme esta genial, si quieren, pero no es más que una sombra al lado de Gloria. El guión, es muy bueno... era la primera vez que se hacía algo así. Billy Walder y con ello nos regala una de las mejores películas del cine. El crepúsculo de los dioses es un film rompedor ya que tras el drama personal se aprecia claramente la ácida crítica de Wilder hacía la opulencia de la que se hacía gala en la época de oro de Hollywood.

 

A tener en cuenta la dirección de Wilder, la facilidad para crear tensión en escenas que podrían resultar banales para cualquier otro director, la mordaz crítica al mundo del celuloide, la técnica del narrador omnisciente en primera persona que consigue, al igual que en Perdición, que nos introduzcamos más aún en las acciones y algunas de las secuencias más logradas de la Historia, como el descenso “triunfal” de la protagonista por la escalera en los últimos minutos de metraje. La otra cara de la moneda del Hollywood de los años dorados. Cruel y desgarrador homenaje al cine mudo, a sus estrellas, que con la llegada del cine sonoro apagaron su luz, condenadas al olvido. No hay mayor crueldad que ser testigo de nuestra decadencia. Luego uno investiga y se cerciora, con asombro incluso, de que la historia de esta diva fuera, efectivamente, aunque con las licencias propias de esto del cine, como la de esa implacable araña de la Desmond. La historia de una cara bonita sentenciada por el cambio de los gustos y los tiempos. La historia de unos ojos sin fondo aquí relegados a un puñado de fichas que, entre todas, apenas arañan los mil votos. El nivel de curiosidades contenidas en la obra del omnipotente Wilder es bastante reseñable y extraordinaria..En resumen, película de las de ver una y mil veces. Prueba de cómo un primer visionado puede no ser suficiente, pues corremos el riesgo de salir echando pestes y quedarnos, como yo, en la superficie: la Swanson es odiosa, sí, pero nunca un recurso tan arriesgado como ése estuvo tan justificado. Y es que los dioses, o los que se creen tales, son así, fácilmente irritables e irritantes, y esto va por ti, por mí, por ella, por todos, pues del crepúsculo no escapa nadie y su sombra es, en efecto, intrincada y alargada... cual tela de araña. Obra maestra del gran Wilder que, una vez más se supera a sí mismo. Una dirección impecable que logra atrapar al espectador con diálogos intensos y perturbadores. El pasado dorado al lado del presente agrio, el paso del tiempo... en general es una visión crítica de la fama, efímera y deseada. La narración en primera persona de Holden da ese toque de misterio a la cinta que, unida a una sensacional banda sonora, convierten lo trivial en apasionante. La actuación de una Swanson es impecable y en ocasiones sobreactuada y, de esa forma, logra asustar al espectador con tan solo una mirada. A medida que transcurría la cinta me sobrecogía más y más y nervioso esperaba que el final fuese perfecto, algo totalmente necesario para cerrar una obra maestra; quien vea la escena final no podrá discutir la calidad del filme.

 

Norma Desmond fue una gran actriz. Una estrella del mundo de Hollywood a la que parecía que jamás se le acabaría el brillo. En su tiempo, fue una diosa, sin embargo, sus tiempos fueron los años 20. Ahora, han pasado dos décadas desde entonces, y el cine mudo ha terminado. La llegada de los micrófonos, de la voz, de los diálogos al cine, le han desbancado de su posición. Su gran mansión en Sunset Boulevard, ahora abandonada y cochambrosa, nos da una idea de lo que fue en su día, y de lo que es actualmente. Su ego la ha recluido entre los muros de ésta mansión. Su única relación social la entabla con su mayordomo y ex-marido. Ha caído tan fondo, sus miserias son tan profundas, que el funeral de un mono es celebrado de manera solemne. No ha sido capaz de digerir la realidad. Ya no es una estrella, no es una diva. Por mucho empeño que ponga en ello. Por mucho que decore la casa llena de fotografías suyas en pleno esplendor. Por mucho que cada día proyecte en su particular cine un film suyo. Por mucho que siga actuando y montando sus números personales. Por mucho que trabaje en un futuro guión. Por mucho que invierta miles y miles de dólares en tratamientos estéticos. Norma Desmond, subió a los altares de Hollywood, pero, por mucho que le cueste asumirlo, ha caído hasta los infiernos. Con un título tan sugerente como El Crepúsculo de los Dioses y una hermosa imagen inicial que nos muestra a un hombre ahogado en una piscina, se nos presenta una historia de barroca decadencia de la mano de un narrador que nos mece en su historia sobre a una estrella del cine mudo en su ocaso y un guionista que no es otro que el propio y ahogado narrador, lleno de deudas en busca su última oportunidad de triunfar en esa máquina devora talentos que es Hollywood.

Una de las obras maestras de la historia del cine.

 

 

 

Magnifico homenaje al mundo del cine, un guión mucho más que bueno, de los mejores que he leído en mi vida, una dirección magistral, debo admitir que Billy Wilder se me hace muy creativo, tanto de director como de guionista, sus historias son siempre originales, además de extraordinarias actuaciones, una interesante historia sobre el difícil mundo de Hollywood contada desde el punto de vista de un guionista de la industria Hollywoodense. Debo decir que esta película me ha marcado de por vida, pero no solo porque es magnífica en gran parte también por algo más personal. Yo no soy tan joven, tengo solo 60 años y desde los 15 años mi sueño ha sido ser un director de cine, llevo años viendo cine clásico y en cuanto vi esta película entendí de forma dura que el mundo al que me enfrento no es nada fácil esto lo reflexione al ver las vidas de los personajes de Joe Gillis, Norma Desmond y de Max Von Mayerling quienes estaban teniendo precisamente ´´el ocaso de una vida´´ . Prueba de ello es el siguiente dialogo que mantienen Joe Gillis y Norma Desmond:

 

-" Usted es Norma Desmond. Salía en las películas mudas. Era usted grande."-

-" Soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas.´´-

 

Tal vez después de haber entendido que a lo que me enfrento no es fácil, muchos vayan a pensar que he decidido abandonar mi sueño, pues se equivocan, porque esta historia lejos de hacerme dudar de mi capacidad para triunfar, solo me ha hecho entender una cosa. Cuando tu deseas lograr algo no te estés preguntando´´ ¿lo lograre?´´, simplemente no tienes por qué dudarlo y una vez que lo logres no pienses que ya todo está solucionado por que en cualquier momento puedes tener un prematuro declive´´. Así es el mundo de Hollywood por que nada de lo que valga la pena es fácil y tampoco tiene porque serlo, es lo que le paso a Norma Desmond en la película se vivía la vida esperando a que Cecil B. DeMille aceptara dirigir la película que ella había escrito y que supusiera su regreso a la gran pantalla. Y muy a mi pesar eso fue lo que desencadeno el trágico final de la historia, un final muy trágico pero muy bueno mientras que Norma solo decía:

 

 

- ´´Muy bien, señor DeMille, estoy lista para mi primer plano´´.-

 

 

 

 

Algunos críticos fueron capaces de prever la importancia que tendría en el futuro la película. The Hollywood Reporter afirmó que las generaciones venideras deberían enfrentarse a la tarea de analizar su durabilidad y su grandeza, y que la película sería considerada "una lección del arte y la ciencia en la pantalla". En la revista católica liberal Commonweal, Philip T. Hartung afirmó que en el futuro la Biblioteca del Congreso estaría orgullosa de albergar entre sus fondos una copia de la película. En el momento de su estreno, Sunset Boulevard recibió grandes elogios de la crítica. Fue nominada a once Premios Óscar, aunque ganó solamente tres. Hoy día es considerada un clásico, y a menudo se la cita como una de las obras más relevantes del cine estadounidense. En 1989 fue incluida en la primera selección de películas estadounidenses consideradas dignas de ser preservadas por el National Film Registry. En la lista del American Film Institute de las 100 mejores películas del cine de los Estados Unidos, hecha pública en 1998, figuraba en el duodécimo puesto.

 

El gran crítico y guionista de cine James Agee escribió sobre Sunset Boulevard para la revista británica Sight and Sound en el numero de noviembre de 1950. Profundo conocedor del medio e inesperado clarividente, hace votos por la permanencia de este filme sorprendente. Que sean sus palabras también nuestro epílogo, pues el tiempo -el más justo de los jueces- supo darle la razón:

 

- «Esta película, será vista y respetada mucho después de que la mayoría de las películas llamadas grandes hayan sido olvidadas» -

 

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