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LA DOLCE VITA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Hay alguien acaso que al menos una vez no haya deseado ser eternamente joven?

 Ese inocente vagabundear por las calles de Roma es un canto a la juventud. Todo en LA DOLCE VITA gira alrededor de efímeros asuntos, placer fácil, reuniones y preparativos en las mesas de bar. La prensa como nuevo poder, voluble como el humor de Marcelo, entre sus amadas o anheladas y siempre maravillosas: Anita Ekberg, Anouk Aimée, e Yvonne Furneaux. ¿Es acaso la Fontana di Trevi la misma, después de la escena con Anita Ekberg? ¿No es ella la que siempre reirá en la noche, la que llamará por siempre con el canto de los chorros de agua?. La sombra de nihil, el sinsentido, pasa como una nube, un mal pensamiento...Y el drama, preparado lentamente como una noche de amor orgiástico, conduce a la catarsis, a la idea bella de una posible redención... Así es esta obra maestra, así es el canto al amor y a la libertad que Fellini pregona y aunque hayan pasado 52 años de su estreno, su vigencia y brillantez es tal que estremece su visión ahora en el siglo XXI: Se renueva su imagen, cobra forma en nuestra comprensión, muda los grises y el blanco y negro y transmuta 50 años en horas, en ayer. Porque retrata el presente incesante del eterno dilema de la vida, el placer y el dolor... Siempre pensado por Fellini.

 

Uno de los grandes clásicos de Fellini. Película sombría y cáustica... Cuando hace años la ví me pareció excesiva y complicada, con el transcurrir de los años he de reconocer que todo quedaba mermado y hoy en día me siento incapaz de adjetivarla. Con mi último visionado he cambiado de opinión. Me fascina como siempre pero esta vez no hay planos sobrantes, ni su trama es complicado, porque es la misma vida. Quiero dejar claro y si en algún momento me pareció redundante, esta vez el metraje no se resintió y todo tiene la misma fuerza, la magia del neorrealismo personal, es espectáculo, es un lienzo sin definir, las sensaciones las trazamos nosotros, todo en Fellini al terminar te parece normal. Por lo demás este film lo conocemos todos: cine profundamente moral, dividido en episodios sin un argumento férreo: sucesión de fiestas, encuentros diversos en la noche romana y con momentos de gran potencia visual, como Anita Ekberg en la Fontana de Trevi, pura imagen antológica. Un cine ácidamente subjetivo, Fellini molestó a la sociedad romana creando un mundo propio, reflejo de la realidad pero reflejo personal al fin y al cabo, esto importunó a los defensores del realismo crudo como única forma de cine humanista y eficaz. Es decir, aparecen bellísimas composiciones y se explotan las imágenes buscando la fascinación estética en la forma de situaciones que son mordazmente criticadas. Esto hoy está superado y parece absurda la controversia pero en aquellos años, cuando se rodó, provocó airadas reacciones en contra.

 

 

Nos retrata la decadencia, perversión y frivolidad de una sofisticada pero corrompida aristocracia, la banalidad del star system y, desde luego, los parásitos que les rodean, esos periodistas y paparazzis que les hacen el juego o mendigan fotografías e historias sensacionalistas con las que alimentarse. También nos habla de religión y la iglesia, en definitiva, retrato de una anestesia existencial, intelectual y moral en la que el protagonista también caerá incapaz de vencer su propia crisis superado por la duda de si tiene talento para desarrollar una actividad creativa como escritor, o conformarse con la más agradecida labor periodística que realiza. Indefinición que se refleja también en su vida de pareja: por un lado es un conquistador empedernido pero por otro es incapaz de abandonar una relación estable que él mismo califica de maternal. Todo ello mostrado con el estilo caricaturesco habitual, para hacernos partícipes de lo que se cuenta. El estilo realista de los primeros Films de Fellini no ha desaparecido pero el mundo subjetivo y simbólico posterior se nos anticipa, más contenido y efectivo. Su mensaje sería claro también sin un desarrollo tan exhaustivo, pero la belleza visual tan poderosa que acabas hipnotizado, por ejemplo con el final en la playa. Metáfora obvia pero llena de fuerza, con Mastroianni quedándose en la playa con el monstruo marino negro e hinchado y no con la chica del otro lado que acaba mirando directamente al espectador, como preguntándonos: ¿esperanza o resignación?. Fellini transmite el hastío terrible y el cansancio existencial de un hombre que escribe sobre la aristocracia romana en el verano del 59.... A través de un Mastroiani cansado de sí mismo y de todo lo que le rodea, Fellini nos muestra una clase alta en completa decadencia, la aristocracia es golpeada sin descanso por Fellini y los muestra como simples niños sin sus caramelos. El dinero los ha envilecido y son incapaces de sentirse felices. No hay nadie en la película que muestre un ápice de felicidad. Si tienen familia se sienten atados, si no la tienen, están incompletos. Si son famosos no tienen intimidad, si no lo son, no tienen privilegios. Si tienen pareja estable están agobiados, si no la tienen se sienten solos. Nadie se siente completo y nadie satisfecho. Las fiestas se muestran como la culminación de la decadencia, entre la orgía y el horror, es una burla insultante hacia la aristocracia romana. No es hasta el final del film cuando a Marcelo se le abre otro camino. Y es aquí donde tendrá que elegir la vida que quiere llevar. El final está cargado de simbolismos y de una gran belleza, al final de una fiesta todos acaban en la playa, allí unos pescadores han cazado una raya enorme, un monstruo de grandes dimensiones. Al otro lado de la playa hay una joven adolescente que grita, le quiere decir algo, pero él no la escucha y decide quedarse con el monstruo. Al otro lado solo la sonrisa de una joven... Marcelo se va con el desaliento y el hastío.

 

Si hay un buen ejemplo de una obra maestra que se consolidó rápidamente como tal, y a pesar de haber claramente perdido el significado que en su día a muchos deslumbrara, y sigue impresionando, ésa es LA DOLCE VITA. Fellini, con un gran manejo técnico, construye un conjunto de cuadros sociales diferentes entre los cuales el personaje interpretado por Marcello Mastroianni sirve de nexo de unión. En ellos puede apreciarse una crítica a la clase acomodada, a la prensa, al modo de vida de cierta esfera en la Roma de finales de los cincuenta. Todo ello supuso cierta revolución temática y formal que fue muy aclamada y se tomó como un revulsivo dentro del panorama dominado aún por reminiscencias neorrealistas. Sin embargo, vista hoy intentando olvidar lo más objetivamente posible lo que fue y algunas de sus imágenes iconográficas como la del baño en la Fontana, encontramos un contenido atrayente, porque si fue un fenómeno de actualidad, una moda, un capricho, quizás como las propias pinceladas que se dibujan en las escenas festivas y despreocupadas del argumento, sigue conservando su aurea llena de fuerza. La composición fílmica y la estructura sigue sirviendo como buenos ejemplos en escuelas de cine, alguna escena como la declaración de amor con Mastroianni sentado solo en una silla en medio de la habitación vacía, el drama del amigo suicida o alguna que otra brillante interpretación como la del protagonista y la de Anouk Aimeé. Sin embargo, por momentos se pierde en alborotadas composiciones de los personajes de Fellini, y vuelve con excesiva belleza visual o poética como para subsanar el argumento. Es uno de los films más conocidos de Federico Fellini y del cine europeo. El guión es original de Fellini y de Tullio Pinelli. Se rueda en escenarios reales de Roma, Ciudad del Vaticano y Viterbo y en los platós de Cinecittà Studios de Roma. Fué nominada a 3 Oscar (director, guión y dirección artística)... Pero ganó la codiciada Palma de oro de Cannes.

 

 

La acción tiene lugar en Roma y alrededores, a lo largo de 7 jornadas del verano de 1959. El periodista Marcello Rubini, encargado de una columna periodística de chismes de sociedad, es el factor de continuidad de un relato dividido en episodios: llegada a Roma de la superestrella americana de cine Sylvia Rank, una falsa aparición de la Virgen, el suicidio frustrado de una joven, el suicidio consumado de un intelectual, una fiesta en un club nocturno y una sesión de espiritismo en un castillo. Marcello es joven, apuesto, elegante y educado, pero vive embargado por la desilusión, la desesperanza y el tedio El film suma drama, crítica social y fantasía. Es el 7º largometraje de Fellini y marca la división de su filmografía en dos segmentos: el de las obras neorrealistas y el de los trabajos caracterizados por el festín visual que ofrecen. De la mano del protagonista, el espectador recorre los ambientes romanos en una peregrinación variopinta por lugares situados en el subsuelo: clubs nocturnos, habitación de una prostituta, antigua cripta... en posiciones elevadas, está la cúpula de San Pedro, lujoso apartamento de un intelectual... y a nivel de calle, el mercado humano de Via Veneto y La Fontana di Trevi vistos desde un helicóptero. El relato ofrece una descripción detallada de los ambientes de decadencia, superficialidad, frivolidad y lascivia que pueblan la ciudad de Roma y que convocan a los beneficiarios más visibles de la prosperidad económica del país de los últimos años. El grupo de gente famosa está formado por cantantes, actores y actrices, aristócratas, escritores, poetas, viejos ricos solitarios, ligones varios, prostitutas e hijos de la nueva burguesía que ha puesto el país en estado de obras, como muestran con insistencia las imágenes de las nuevas barriadas de la ciudad. Abundan en esta sociedad los oportunistas, los falsos amigos, los hipócritas, los chaqueteros... Se sugieren paralelismos y semejanzas entre la decadencia de la Roma clásica y la despreocupación, indolencia, mediocridad, apatía y vaciedad de los representantes de la sociedad italiana, a los que el film parodia, satiriza y censura. La historia se estructura en torno a 4 fiestas orgiásticas, en las que predomina la desinhibición, la afición a los excesos y la trasgresión de normas convencionales. Los protagonistas: una estrella de Hollywood, el intelectual Steiner, un grupo de aristócratas y un grupo de artistas alocados y descerebrados. En cada una de las fiestas se hace especial mención de una fuente diferente de emociones: el cine y sus protagonistas, el arte, las ceremonias y ritos ocultistas y las prácticas de dominación. No se llega a saber si las orgías son sueños, delirios, realidad... Yo lo comprendí como una suma de las tres cosas. Fellini presenta una temprana y sorprendente descripción de la avidez informativa de ciertos medios por la vida de los famosos. De modo especial se fija en los informadores gráficos o foto-reporteros, que se mueven en grupos a la caza, al descuido, de imágenes lo más indiscretas, provocativas e inoportunas. A estos reporteros les aplica el nombre de paparazzi, mote de un antiguo compañeros de estudios, que en el dialecto Romano significa mosquito. El uso intensivo de la palabra, determina que ésta se impone como forma única. Yo debo confesar, sin pudor ninguno, que cuando la vi hace años, sentí un morbo especial en mi cuerpo. Mis orgasmos placenteros siguientes, iban siempre dirigidos hacia Anita en la Fontana, junto con un Marcello solicito y atractivo.

 

La película suscitó en su estreno un gran escándalo y una encendida polémica, acompañada de condenas y boicots. El éxito de taquilla del film fué considerable, el mayor de la carrera de Fellini. El aspecto escandaloso que se le atribuye al film en su momento era debido a dos hechos: muestra abiertamente la sexualidad, la danza lasciva de Sylvia y el número salvaje de música y baile de Celentano.. y subvierte el valor convencional de algunos símbolos, como la sotana. Vista con ojos actuales, la obra no contiene elementos escandalosos. Son escenas memorables el baño en la Fontana di Trevi, la bofetada del marido a Sylvia ante los paparazzi, la cámara del eco, la desesperada orgía de humillación, el recorrido nocturno con el padre. Se presentan diversos elementos exóticos, como el diccionario de sánscrito, los personajes extravagantes de Frankie el loco, Federica la loba, Tarzán borracho o el monstruo marino. La música, compuesta por Nino Rota aporta el aire festivo, frívolo y variado que reclama la acción. El blanco y negro se recrea en extravagancias visuales, crea símbolos y compone explicaciones y sugerencias, para componer el mosaico que el maestro deseaba. Fellini apunta a retratar la Italia pos guerra, en pleno auge económico donde la diversión y el vacío existencial predominaba en la alta sociedad. Todo ello lo pone en pantalla a través de la vida de un reportero sensacionalista que lleva una vida licenciosa. Hay aspectos profundamente tratados a pesar de parecer una película dominada por el simple entretenimiento: uno de ellos es el sensacionalismo del periodismo de la época, tal cual lo vemos en la actualidad, sin respeto por la privacidad ni por los sentimientos, el periodismo agotará hasta el último recurso para obtener la información. En una visión sin escrúpulos de la prensa y Fellini nos retrata intencionalmente la situación del momento como una crítica moral. Otro concepto que se maneja es el del status y todo la parafernalia que rodea a la alta sociedad de la época: los amiguismos falsos, la obsecuencia, la obstinación y la liviandad como estandartes de modos de vida, los momentos oportunistas, las relaciones interpersonales forjadas por la falsedad y el interés, las fiestas improvisadas, el caos que domina y supera la razón. Pero lo que más fuerza cobra es el marcado incremento del individualismo egocéntrico que no da lugar al espíritu solidario. La sociedad enferma por el vivir bien y de la manera menos esforzada posible. Como vemos hay mucho en el discurso del director, que nos regala en clásico que contribuye a jalonar la historia del cine europeo.

 

 

La actuación de Marcello Mastroianni, construye un personaje con muchas de las características de la época, está convincente, un galán que se las sabe todas para ganar y que no dejará lugar a que se desaproveche una situación favorable para sus propios intereses. Frente a ello, su vida ya viene heredada por un padre que siguió los mismos pasos que el hijo, sin familia que tener en cuenta. Sin tampoco querer compromisos que impliquen el dedicarse al otro. Un ser sin escrúpulos, con una identidad poco reflexiva y mas bien ociosa. El papel está magníficamente interpretado. Al guión no le sobran minutos para contar el mensaje dramático documentalista, y ello juega muy a favor cuando queremos planteamientos bañados al estilo Fellini. concisos y directos. Un clásico absoluto y genial y que hay que saber interpretarlo desde un nivel analítico que nos lleve a replantear cuánto de esta etapa de la historia de Italia hay hoy en la sociedad que estamos viviendo, yo personalmente pienso que hay mucho de ella todavía, enquistado y dando suculentos beneficios a esos personajes mediáticos que nos rodean mañana, tarde y noche. Pero es lo que nos toca vivir, comparar no siempre es beneficioso, pero son muy parecidas las situaciones, solo que con distintos personajes. Confieso que es una de las películas que puede uno visionar una y otra vez, sin cansarse y sin dejar de disfrutar y asombrarse ante cada nuevo visionado. Porque este film a semejanza de un río, podría ser una metáfora de la propia vida o quizá solo de ciertas vidas excepcionales. Un río caudaloso, misterioso, y a veces profundo. Un río lleno de episodios dramáticos, cómicos, surrealistas, banales... Y cuando he dicho río, quizá me estaba acordando también del elemento acuático presente en toda la película, desde la estatua de Neptuno ante la que detiene el coche Mastroiani por la noche, o la onírica y a la vez melancólica escena final, con el monstruo marino varado en la playa. No sé, siento una fascinación extraña por todo ese mundo romano de finales de los cincuenta en blanco y negro, con sus ruinas, sus maravillosas texturas, sus coches, sus edificios, sus terrazas; y en medio de todo ello tenemos a un excelente actor, moviéndose con simpática indolencia a través de esa jungla de situaciones y personajes de todo pelaje y condición. Situaciones de las que emana, una suerte de hedonista regocijo, no exento de cierta melancolía, incluso hastío en ocasiones, ante el hecho de tomarse la vida como un inmenso puzzle de laberintos y juego.

La extraordinaria armonía de imágenes e ideas que el genio de Fellini imprimió en la sucesión de cada escena perdura intacta. El tiempo lejos de dañar su materia acentúa su belleza y la eleva al estatus del ídolo venerado en la mitología que la historia del cine establece. La galería de personajes se imprime en la memoria del espectador: Marcello, Emma, Anita Ekberg, la amante aristócrata, el padre, el intelectual Steiner, su familia y sus amigos, la joven que Marcello conoce en la cantina, el grupo de juerguistas, los paparazzi, los niños que obran el milagro, los aristócratas que juegan con fantasmas…

 

 

 

Mientras, avanza de asombro en asombro en algunas secuencias:

 

El helicóptero con la escultura de Jesucristo que sobrevuela Roma

Marcello junto con los paparazzi persiguiendo la belleza por las escaleras del campanario 

Marcello acariciando el rostro de Anita Ekberg en las aguas de la Fontana di Trevi  

La sesión de espiritismo en el castillo y el roce de la piel entre las sombras

La venganza de la aristocracia hastiada de la vida, de la seducción y del amor

Marcello arañando momentos de diversión y placer a las últimas horas de la noche

La escena final en la playa con el monstruo marino

Marcello, arrodillado en la arena incapaz de entender a la joven

Los espejismos del arte,

La inutilidad de la religión,

El secreto de la belleza,

El cultivo del arte y la escritura,

La familia...el paso del tiempo,

El placer, el amor, el deseo

 

Pero a diferencia de él, no somos imperecederos. Tan sólo con mirar la pantalla, entendemos el esplendor de una decadencia sabia.

 

 

Las películas son, hijas de su director. Es cierto que en su concepción intervienen factores que podríamos llamar externos, tales como guión, música, fotografía ó incluso la interpretación de los actores. Esto, siempre es cierto. Pero los Films de Fellini son inequívocamente hijos suyos. Fellini nos mueve a su antojo por una Roma que rebosa belleza. Y nos muestra esa Roma para al mismo tiempo mostrarnos otra, la de una clase social ociosa y depravada que busca fantasmas en palacios cerrados, que hace de lo mezquino noticia. Fellini podrá gustar o no. Pero Fellini es Fellini. No hay otro como él. Lo aceptamos como es o lo dejamos. Yo lo acepto y le venero."La dolce vita", al igual que "8 y medio" nos muestra un retablo de vacíos. El vacío existencial y profesional de Guido en 8 y medio se transforma aquí en el vacío de una sociedad adinerada que trata de sobrevivir con farsas y fantasmas a su propio declive.El vacío de la prostituta, el de Marcello, el vacío de Anouk Aimée. Vacíos incluso disfrazados de plenitud como el de Sylvia, una Anita Ekberg espectacular en la magnífica escena la de la Fuente, un alarde de plasticidad, barroquismo y libertad, el agua purifica su pecaminoso cuerpo. Es una de las secuencias mas bellas de la historia del cine. Personajes que han resistido bien el paso del tiempo. En realidad no se alejan demasiado de los que hoy en día buscan su ser o no ser entre las bambalinas de programas de televisión mediocres, vacíos y adocenados, donde la calidad se supedita a los índices de audiencia. LA DOLCE VITA afortunadamente es otro lienzo de gran categoría.

Obra maestra de dimensiones descomunales, LA DOLCE VITA es, por derecho propio, una de las mejores películas de la historia del cine. Algunas secuencias lo ratifican, Fellini nos invita a darnos un paseo por la Roma glamurosa, delirante, incansable, deslumbrante, salvaje y siempre excesiva en la época dorada donde la sitúa. El genio italiano nos lleva a un mundo similar al Hollywood y sus estrellas depresivas, para empaparnos de la más rancia aristocracia y la más decadente burguesía. El director sabía que algo olía a podrido en el mundo de la farándula, mucho antes de que llegase la inquisitiva prensa rosa actual, que debe a esta película el término ´paparazzi ´. Además, no pierde la ocasión de hacer un feroz alarde antirreligioso, lanzando los dardos esta vez a los supuestos milagros que la Iglesia no pierde ocasión en divulgar. Todos los lugares comunes del director se engarzan en esta joya a la perfección: el mundo del circo, las monjas, las mujeres obesas, las prostitutas, el mencionado anticlericalismo. Todo esto unido a un elegante montaje, a la siempre inolvidable música del maestro Nino Rota y a un ritmo endiablado conforman un film para el recuerdo, que consigue transmitirnos el proceso de extenuación y hastío del protagonista. Fellini logra que al final nos sintamos como Mastroianni... agotados después de tanto frenesí. Nunca hubieron fiestas más amargas, ni el sentimiento de vacío inundó cualquier atisbo de felicidad. En el fondo, el ser humano es como un monstruo marino a la deriva. El genio lo sabía, y tuvo la osadía de mostrárnoslo. Esta película conforma una de las obras maestras de Fellini, un Fellini que en este momento se encuentra en plena forma. He de reconocer, creo que es de importancia remarcarlo en mi articulo, que mi vocación siempre ha sido ser guionista de cine o periodista, y más concretamente, me parezco mucho al protagonista de esta hermosa película. Por tanto disfruto cada escena que pasa de ver la magia y el misterio que posee esta profesión llamada Periodismo.Desde la perspectiva de Marcello Mastroianni, nos encontramos ante un sinfín de subtramas y personajes, que son un reflejo de un verdadero periodista de la Roma de aquéllos años. Una obra imprescindible para todo aquél que quiera saber un poco más de este mundo llamado cine, para todo aquél que quiera ver por qué se le llama genio a Federico Fellini. La introducción de tramas, de personajes, los escenarios, los travellings oportunísimos que nos regala la cámara y las escenas que quedan grabadas en la retina de nuestros museos personales del séptimo arte, convierten a LA DOLCE VITA en un caramelo que vas degustando con gran placer.Y más aún, si en el plasma se cuela Anita Ekberg, una mujer de las que ya no creo que queden muchas, una mujer que es la pureza y belleza en persona, un auténtico misterio de mujer tal como refleja la pregunta de Marcello en la Fontana di Trevi:

-" ¿De dónde vienes Sylvia?."-

 

 

 

 

Anita Ekberg sólo sale media hora, pero es la media hora más sensual que cualquier película del séptimo arte jamás te pueda mostrar, salvando a Rita Hayworth en su legendario baile del guante..Cuando se junta la creatividad de Fellini, la elegancia de Mastroianni, la belleza de Ekberg y la música de Rota, sabes que no te van a fallar, sabes que tienes en tus manos una obra maestra. En conclusión, es una obra de arte en toda su extensión; con magnifica dirección, un guión delirante, sobresalientes actuaciones, bella fotografía en blanco y negro, vestuario inmejorable y una música envolvente.

 

 

 

Fellini tiene 40 años cuando aborda esta visión satírica y pesimista de la vida. Dice el propio autor que solo se considera un artesano que no tiene nada que contar pero que sabe como contarlo. Lo segundo es cierto y el despliegue de dominio de la técnica puesta al servicio del arte cinematográfico es más que sobresaliente con todo un recital de planos y encuadres que nos hacen olvidar que detrás hay un director que sin embargo siempre está presente. La fotografía y la música hacen el resto. Sin embargo si que cuenta muchas cosas, o mejor, solo una, la vida. El amor, la pasión, los hijos, la familia, los padres, el arte, la riqueza, la religión, la muerte, a través del día a día de un cronista de sociedad. Todo conduce a una soledad existencial cuya única válvula de escape consiste en apurar cada minuto en búsqueda de cualquier sensación que nos de unos segundos de autentica vida. Prueba de esta vacuidad vital del ser humano es que este fresco de la condición humana es recordado básicamente por el baño de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi o por el despiadado acoso de los fotógrafos en busca de carnaza que ofrecer a la opinión pública. Fellini probablemente estaba atravesando ese momento vital donde uno se plantea el sentido de la vida por muchos logros que se hayan conseguido. Con un tramo final, donde planea la sombra de Passolini que colaboró en el guión, Fellini como buen dibujante que era, realiza un retrato acertado, una caricatura agridulce de esta vida que nos ha tocado vivir.

 

Llega la noche.

 

Tu bebida favorita bien cerca...quizá cigarrillos... o puede que algo más fuerte. Cómodo en el sillón, el sofá o la cama. Solo o acompañado. Empieza la película. Espera ver la inmortal escena de Sylvia en la Fontana de Trevi. Y finalmente, desea con fuerza que no se rompa la magia que lo envuelve.

 

Sucesión de escenas antológicas.

 

Diálogos descarados y espontáneos y alguno que otro que reflexiona sobre dudas trascendentales, de desvaríos, de ruido, de enervante movimiento de muchedumbres, de discusiones de pareja... Todo servido en la singular y variada bandeja felliniana. Como ya apunté en AMARCORD, estas serian las palabras que se aproximaría mucho para describir el estilo del maestro Federico Fellini:

Irritante

Fascinante

Irreverente

Tierno

Crudo

Impenitente

Irónico...y exuberante

Pero siempre, siempre, sorprendente, como todos los genios.