Mi ansiedad a la hora de sentarme frente a la pantalla de un cine tenía nombre: UN HOMBRE SOLTERO. El día estaba gris, llovía sobre mi querido Madrid... Todo reunía las condiciones. En mi mente, algunas buenas criticas desparramadas y varias e importantes de razones para verla: Tom Forduno de los diseñadores mas grandes de los últimos tiempos escribía y adaptaba a la pantalla grande su primer película, basada en la novela homónima de Christoper Isherwood. Sumado a esto, ver al formidable Colin Firth, el gran actor inglés que, según decían, había protagonizado un papel totalmente conmovedor y encima le acompañaba, una de las actrices a la que admiro y con mas futuro en Hollywood: Julianne Moore. ¿Acaso no son suficientes motivos para semejante expectativa? La respuesta comenzó a escribirse en mi mente bien comenzada la película: una escena cruda y emotiva. Colin Firth que juguetea con la melancolía, roza el prototipo de norteamericano que cuida su imagen y se agita al compás del ritmo del capitalismo, pero que se pudre por dentro. Enseguida pude comprobar las sanas intenciones de Tom Ford, fotografiar como nadie un relato que él muy bien conocía..